¡LA VIOLENCIA JAMÁS SERÁ EL CAMINO!
- Luis Cote Ottens
- 13 sept 2020
- 4 Min. de lectura
A riesgo de que me llamen tibio por no encontrar en la violencia un camino de cambio, debo advertirles que en nada me identifico con la postura de aquel caballero a quien le asistió, en un momento crucial de la historia del país, la responsabilidad de cambiar el rumbo por algo diferente o condenar al país al retroceso en la búsqueda de la conquista de la paz. Ya sabemos que, gracias a su desinterés por la patria, hoy las masacres llegaron hasta Bogotá perpetradas por la Policía Nacional con el pretexto de salvaguardar la democracia. Si, su decisión de irse a ver ballenas e invitar al voto en blanco cuando sabía que en absolutamente nada iba a servir, fue lo que nos condenó a lo que hoy estamos viviendo. Pero este escrito no es para referirnos a él.
Los hechos de esta semana me hacen traer para la reflexión aquella frase que dice “si quieres resultados distintos, haz las cosas de manera distinta”.
No puedo dejar de confesarles que comencé esta entrada al blog el martes de la semana pasada. Tenía muchos sentimientos encontrados, pero los mas fuertes eran decepción, tristeza, desesperanza y mucho, pero mucho dolor. Ver que quienes deben propender por la salvaguarda de la vida y de los derechos de los ciudadanos, empuñaban sus armas en contra de las manifestaciones por el asesinato vil y despiadado de un hombre al que golpearon tantas veces en la cabeza al punto que lo terminaron matando, no es nada alentador.
Me llegué a preguntar, qué opciones teníamos los ciudadanos de bien, esos que todos los días salimos a trabajar con la ilusión de aportar algo nuevo y mejor para este país, con el sueño de cambiar la realidad desesperanzadora del hoy y lograr entregarle a los futuros una Colombia con oportunidades para todos.
En este país desde hace muchos años vivimos con el aliento de la muerte en la nuca, si no es por la delincuencia común que por un celular puede arrebatarnos la vida, son los narcotraficantes, paramilitares, la guerrilla del ELN o las disidencias de las FARC quienes asesinan ciudadanos por sus intereses perversos.
Pero esta semana la gota que rebozó la copa, fue la Policía Nacional que terminó masacrando a mas de 15 ciudadanos Colombianos. Sí, más de quince colombianos murieron en manos del régimen criminal de Iván Duque. Papás, hijos, hermanos, tíos, sobrinos, amigos, fueron las victimas. Esta vez no fueron grupos al margen de la ley los responsables, fue una institución del Estado, quien les arrebató la vida por ordenes, al parecer, direccionadas desde la Presidencia de la República, a pesar de que la Alcaldesa Claudia López (máxima autoridad de policía en la ciudad) les diera la orden de detener la masacre y no disparar en contra de la ciudadanía.
Estos compatriotas asesinados por la Policía, estaban haciendo uso legítimo del ejercicio del derecho a la protesta social. La protesta se tornó violenta y la policía aprovechó el momento para desatar una avalancha de balas que terminó manchando de sangre las calles de la capital. Ambos, pienso yo, actos reprochables.
Entiendo la indignación por el asesinato de Javier Ordoñez, yo también la sentí. Entiendo las ganas de volver todo nada, yo también las sentí. Entiendo que haya anhelos de reacción violenta ante el sentimiento de impotencia para encontrar salida ante la barbarie. Pero es ahí donde nuestra capacidad mental, como ciudadanos que queremos el cambio, debe aflorar.
Es una de las leyes de la física y de la vida el que toda acción tenga una reacción igual o superior en sentido opuesto. Si golpeo una pared con un puño, el dolor que experimento es el regreso de la energía que le imprimí al golpe. Pasó igual en los casos de la semana anterior, ante la estupidez de 2 policías criminales y violentos, reaccionaron con violencia, nada pudo terminar distinto, de hecho terminaron matando a más de 15 Colombianos.
Por eso mi invitación esta semana es a hacer un alto, a mirar la situación del país e identificar con claridad cuales pueden ser las acciones no violentas que nos permitan cambiar el régimen criminal actual, pero a su vez nos ayuden a dejar de abrir heridas en un país donde casi la totalidad de su territorio está manchado de sangre, muerte y tristeza.
No podemos perder de vista que así como los padres, amigos y familiares de los 15 compatriotas asesinados lloran la partida de sus seres queridos, lo están también las familias de los policías heridos, llenas de rencor y odio porque su padre, amigo o familiar, está en la clínica luchando por sobrevivir ante las heridas que dejaron en su cuerpo las acciones violentas perpetradas por algunos interesados en deslegitimar la protesta. Así, es como el círculo de odio y rencor se sigue extendiendo en Colombia.
Esto lo podemos evitar, pero la mejor forma de hacerlo es con el voto. En 2022 debemos ejercer un voto consciente, donde el 100% de los colombianos salgamos a hacer uso de este derecho derrotando la politiquería, la corrupción y la política de la guerra que profesa el partido de gobierno.



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